Ciencia y Sociedad

Tuesday, August 04, 2009

ENTRE LA GENÓMICA Y EL ETNOCIDIO… ¿UN MILAGRO? (1ª parte)

Un cuento en dos partes.


Investigador en genética desde hace años, hoy me preocupa el descuido nacional ante la penetración extranjera en pos de nuestros genes. De igual manera me preocupa el mercantilismo alrededor de los recursos naturales en general, paralelo a la biopiratería de los mismos o la “donación” inadvertida de germoplasma vegetal o humano que solemos hacer. Además de gran biodiversidad vegetal, en México tenemos diversidad étnica proveniente de nuestros antepasados “latinos” y amerindios, lo que a mi parecer hace que la moda de la llamada “genómica” en medicina y nuestra tradicional hospitalidad –“mi casa es tu casa”- representen peligros para nuestra sustentabilidad como nación. Algunos extranjeros vienen por muestras de ADN de “los mexicanos” para estudiar su genoma y, supuestamente, conocer sus enfermedades genéticas curables; pero no se dice, en cambio, que dichos estudios también son aprovechables para el desarrollo ulterior de “armas étnicas” o “genéticas”, tendientes a eliminar grupos sociales menospreciados por grupos racistas, neoconservadores, militares imperiales o simplemente para desarrollar productos farmaceúticos específicos comercializables a precio alzado por grandes corporaciones multinacionales. Esta perspectiva para las “armas étnicas” parecería un poco exagerada, un poco a lo “Mundo Feliz” de Aldo Huxley, pero no, no es exagerada, es una triste realidad de la ciencia a la que le meten mucho dinero los países ricos contando con el descuido de los países científicamente atrasados como México.

Habida cuenta de mi profesión y después de presentar el resultado de alguna de mis investigaciones en cierto congreso internacional, fui invitado a colaborar en un proyecto estadounidense que recabaría muestras ad hoc entre grupos humanos del norte de México, área considerada hoy como parte de la “Aridoamérica” y antaño como “la Gran Chichimeca”. Con técnicas para el caso, se analizaría el ADN y los genomas respectivos de los grupos que interesaban; para el caso recibí folletos descriptivos, el plan general de la investigación, formularios para llenar y el contrato anual para mi firma. Confieso que para un científico desempleado como yo, la paga en dólares ¡ era muy atractiva ! Primero debía yo trasladarme un par de semanas para capacitación a cierta universidad del vecino país del norte, con todos los gastos pagados; no obstante, leyendo el detalle de los antecedentes del proyecto me enteré que las “etnias objetivo” a muestrear para la investigación eran lo que quedaba de pimas, pápagos, ópatas, kikapoos , tarahumaras, borrados y huachichiles.
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Figura de un grupo de indios kikapoo presentados a Maximiliano I en 1867.
Tomado de una litografía de Debray y Decaen, México, Portal del Coliseo Viejo

Fue entonces que la palabra "huachichil" retumbó en mi memoria y me dejó estupefacto…Esta palabra -"huachichil"- me remontó a mi lejana infancia, cuando mamá solía exclamar entre sonrisas "¡Pareces huachichil!" por lo sonrojado que se ponía mi rostro al correr, saltar o jugar. Yo siempre pensé –equivocadamente- que este término se refería a alguna frutilla o producto vegetal asociándolo a un tipo de tuna y no a un grupo étnico de su tierra natal –San Luis Potosí- Fue así que décadas después, al informarme del proyecto de ciencia al que me invitaban, me enteraría yo del verdadero significado del término... Este descubrimiento despertó en mi un gran interés por saber más de “los que se pintaban el rostro de rojo” y algunas etnias vecinas, también "cabezas coloradas". Siendo SLP el terruño materno y Coahuila el paterno donde también hubo huachichiles, hice a un lado el contrato gringo y me fui a la ciber-biblioteca de Google, obsesionado por dar respuesta a mi propia interrogante: ¿Quiénes fueron los huachichiles?

En internet identifiqué varios libros y compré uno que llamó particularmente mi atención: se llama “La Gente del Mezquite” de Carlos Manuel Valdéz, publicado en 1995 por el Instituto Nacional Indigenista; resultó ser una libro sensacional que describe mucho de la cultura de los huachichiles y muchos de los nómadas del noreste de México. Leí y releí el volumen pues respondía a muchas de mis dudas ¿Hubo más grupos como los huachichiles (guachichiles o cuachichiles)? ¿Cómo se les llamaba? ¿Qué territorios ocupaban? ¿Cómo era su vida diaria? ¿Qué comían y bebían? ¿Porqué no se hicieron sedentarios? ¿Porqué se les llamaba “bárbaros” si estaban integradísimos al ambiente natural? y la interrogante más dolorosa: ¿cómo fue capaz la nación de entregar a los yanquis invasores, esos mexicanos del norte, en 1847, junto con 51 % del territorio patrio? La Unión Americana, ni tarda ni perezosa, los usaría después para inventarse su mítico desplazamiento hacia el “Far West”. Con madre potosina, padre coahuilteco -donde existe el refrán, “El que no come carne no pelea”- decidí no dar la espalda a esa parte de la historia mexicana sistemáticamente marginada por el resto de “la historia de bronce”. Consecuentemente, ya no colaboraría en primera instancia con el proyecto gringo de genómica –que no biopiratería de genes- optando por investigar más sobre “la gente del mezquite” y al grito de “¡Aquí nos tocó vivir!” como dice Cristina, me quedé en México, -lástima los dólares me hubieran caído muy bien-.
Debo decir, no obstante, que de manera compensatoria me daban cierta satisfacción el no engrosar mas la lista de personal calificado –un millón de profesionales graduados- que mi país, que los financió, ha entregado recién a países como los EUA –que no le costó un clavo su formación- Para emprender mi nuevo proyecto personal guardé mi “aguinaldo” de pensionado, “pasé el sombrero” entre familiares generosos y me trasladé una corta temporada al Archivo Histórico de Saltillo y a la biblioteca de la Casa de la Cultura en S.L.P. En este último lugar, la bibliotecaria me sugirió trasladarme a consultar lo que quedaba en el viejo archivo de la Hacienda de Bledos –sur del estado y frontera con Guanajuato- que reiteradamente se había negado a vender su acervo a compradores interesados de yanquilandia…

Seguí el consejo siendo así que en una antigua sala de la hacienda mencionada, encontré expedientes polvosos, viejos legajos deshaciéndose por el abandono, libros apergaminados en un español que no entendía. Para el caso regresé a la capital del estado y contraté los servicios de una joven paleógrafa norteña que, por cierto, al hablar, arrastraba la “ch” para decir “shihuahua”. Fue entonces que leí musho, digo mucho, de entre los documentos paleografiados y reflexioné todavía más: ¿Porqué nuestra historia oficial solo enseña a niños y jóvenes de los toltecas, mexicas, mayas y uno que otro grupo más? ¿Porqué solo describir al detalle a los grupos urbanos, imperialistas, caníbales y teocráticos? ¿Porqué no hablar de aquellos que vivían de la caza, bebían poco agua supliéndola con tunas y aguamiel? ¿Qué no vamos de nuevo hacia un mundo de poco agua? ¿Porqué no aprender algo sobre los cientos de tribus-naciones que recolectaban lo que la Natura buenamente les daba acorde a las estaciones del año? ¿De los que limitaban su crecimiento poblacional poniendo por delante el interés colectivo y no el individual? ¿Por qué no hay mas información escrita y gráfica sobre los ajahues, alegochas, bahopobos, boyeros, canamaras, chapotes, coahuilas, enabopos,etapais, huachichiles, hurabanes, inanambos, jalepas, mamacorras, ooches, oyeras, pachos, poponinas, salineros, sucaios, tepehuanes, tobosos, voayes, xonaquis, yquabos, u otros lingüísticamente afines como los acoclames, babosarigames, cabezas, cocoyomes, chisos, machiteles, machichimis, mayaguas, maguemachichipas, quaaguapaias, sipopolas o tetecos y túsares entre decenas más?... ¿Qué fue de todos ellos? ¿Como se dió el caso de un etnocidio tan diverso? Considero que hoy que hay alarma porque la Tierra se acerca a “situaciones límite”, por lo menos deberían ser dignos de encomio aquellos grupos de la añeja “Gran Chichimeca” que optaron por no hacerse sedentarios y cultivadores para “no herir a la Madre Tierra” –la “Pachamama” de los quechuas sureños o la “Gaia” de los biólogos yanquis posmodernos- (continuará)

4 Comments:

  • Me gustaria seguir tu blogg soy de Saltillo Coahuila y estamos hablando sobre los indios huachichiles y buscando buscando encotre tu blog me parece sumamente importante la informacion sobre el etnocidio gracias

    By Blogger Rosa del Carmen, at 4:47 PM  

  • De suma importancia gracias

    By Blogger Rosa del Carmen, at 4:48 PM  

  • Hola amigo, me encanto tu investigacion sobre pueblos desaparecidos en la historia y que la gente deberia recordar como grandes guerreros, soy de san luis potosi y me interesaria coloborar contigo y quiero saber mas de los guachichiles y no solo quiero necesito saber de ellos gracias seguire tu publicacion e investigacion.

    By Blogger eddyluna, at 9:24 AM  

  • Hola amigo, me encanto tu investigacion sobre pueblos desaparecidos en la historia y que la gente deberia recordar como grandes guerreros, soy de san luis potosi y me interesaria coloborar contigo y quiero saber mas de los guachichiles y no solo quiero necesito saber de ellos gracias seguire tu publicacion e investigacion.

    By Blogger eddyluna, at 9:25 AM  

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